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jueves, 8 de marzo de 2012

Tennos paciencia hijita.

Gratis! Antes de empezar la historia, quiero que sepas que te regalo, el primer capítulo de mi obra Best Seller Lulita la estrella marina. Ve a la parte superior del blog, por tu nombre y correo y te llagará inmediatamente. De venta en amazon.
Querida hijita:
Es común que escuches de nosotros frases como: ¡María Pía que te dije yo! ¡María Pía, por qué lo hiciste! o cosas por el estilo. Lo que no alcanzamos a comprender tu madre y yo, es que estás en una etapa de buscar tu independencia, de ser tu misma, de buscar tu identidad. Tu deseas sentirte diferente a nosotros, ya te vas dando cuenta que eres una personita que camina sola y te desenvuelves sola. Aunque no llegues a los tres años de edad, buscas limpiarte la pila solita, subir y amarrarte sola a tu silla en el carro, echarte cuanta colonia puedes, cremas, coloretes, vestirte sola, cruzar la pista sin que te coja de la mano, etc.
Somos nosotros tus papitos, quienes no comprendemos bien eso y lanzamos amenazas de todo tipo. Muchas son para tu bien, otras, es por temor a que te suceda algo. La vez pasada, te saliste de la tina sola, enjuagaste tu batea y la dejaste de pie en forma vertical para que el agua se escurra, tal como tus papis lo hacen. También apilaste tus juguetes de baño ordenadamente, encima del murito de mayólicas que trepaste mojada para salir de la ducha.
Sin embargo, yo entré en desesperación, pues el que te resbales en la tina me causa un miedo intenso. Hubiese querido ver lo bien que dejaste todo, pero solo fui víctima de mi confusión y temor. Tú solo viste a un padre que gritaba y gritaba por desobedecer sus órdenes. Ahora me doy cuenta, que tu edad exige que hagas cosas que para ti son normales, propias de tu búsqueda de experimentar. Quizá mi temor interior también sea que desobedezcas el resto de tu vida, aunque en verdad demuestras mucha madurez.
Hoy me di cuenta, que debo hablar contigo, ponerme a tu altura y explicarte por qué razón no me agrada que te salgas de la tina sola con menos de tres años de edad. Quizá en adelante lo hagas sola bajo mi supervisión.  Te quiero mucho y perdóname si te ofendo algunas veces.
escritor Oscar Prieto Ramírez
Lo cierto es que no debo perder los papeles, pues tu curiosidad es intensa, como lo es, tus ganas enormes de experimentar por ti misma, el inmenso mundo que te rodea.
Recomiendo leer:
Mía regresa a Casa

TE REGALO EL PRIMER CAPÍTULO DE MI OBRA BEST SELLER LULITA LA ESTRELLA MARINA, ENTRA A:
http://www.oscarprietoramirez.com/ O LLENA TUS DATOS AQUÍ EN MI BLOG

domingo, 29 de enero de 2012

Mi viaje a Chaparrí Perú.

Paco y Yo, camino al cerro Chaparrí
Me gusta escribir. Mi primera obra llamada Lulita la estrella marina al poco tiempo de publicada se volvió Best Seller. Al poco tiempo escuché de un ave perdida por cien años, a la cual la desaparecieron a pura bala y talando los bosques. Dicha ave, la pava aliblanca era el objetivo de mi segunda obra, debía darle vida, hablar por ella y por el resto de animales que sufrieron tanto de la crueldad humana.
 Mi querido amigo Paco, fue una víctima de mi viaje a Chaparrí, en los bosques secos de Lambayeque, Chiclayo. Él tuvo el buen ánimo y delicadeza de llevarme hasta allá, luego que llegara por avión desde Lima. A él le encanta manejar, así que le dije llévame a Chaparrí. Lo que no sabía él, es que su carro VW Jetta, tendría que hacer las veces de cuatro por cuatro.

Paco orgulloso de su VW Jetta

De la ciudad de Lambayeque a la reserva, hay una considerable distancia. Viajamos alrededor de 3 horas o más, para llegar a Chongoyape. De allí a la reserva otra hora o 45 minutos.
¿Por dónde está Chaparrí? Preguntamos a un hombre. ¡Allí! señaló, hacia un cerro verde con nubes que se perdía de vista. ¡Dios! me dije. ¿Esta cosa de carro llegará? Jajajaja ya veía la cara de palta de Paco. Recogimos dos señoritas guías y nos internamos en el largo y sinuoso camino de tierra y piedras. No hay pista. Entran solo las motos, camionetas, cuatrimotos y el carro de Paco.
Mi habitación en Chaparrí
Tras un largo rato, no dejaba de pensar: ¿En qué bastardo momento se cae el motor? Llegamos a la reserva, recuerdo con claridad que pasaron unas cuentas pavas aliblancas chillando por encima de nosotros. Ese era mi objetivo. Escribir un cuento acerca de las pavas aliblancas en peligro de extinción.
Al bajar del auto, respiramos.  No cabe duda que los alemanes hacen buenos carros.

Zorro Costero en la reserva Chaparrí
En la paz y tranquilidad, se escucha el canto de distintas aves que nunca escuché. Me dieron un cuarto que era una pequeña casita tipo igloo, hecha de barro !Una maravilla! Fuera de esta había una hamaca. Paco se echó complacido de su travesía. Yo me senté en un sillón. Apenas lo había hecho, apareció un zorro costero a pocos metros de mi puerta. Me levanté silencioso para verle mejor y se fue por un sendero. Así es la vida en la reserva. Pudo ser un puma en vez del zorro. Hacía dos semanas unos ingleses que almorzaban vieron uno muy cerca que los observaba. Luego se retiró. Eso sería poco con lo que me toparía yo mismo.
Para acabar este primer capítulo, mi amigo Paco se fue al final de la tarde acompañado de una guía. En adelante me quedaría solo en medio de la oscuridad de la reserva. !Increible!
Te invito a la segunda historia que pronto la tengo lista. ¡Entra aquí!

Oscar Prieto y mi obra Lulita la estrella marina

Te invito a conocer mi obra Best Seller Lulita la estrella marina  
Te regalamos allí la parte del primer capítulo.
Te regalo el primer capítulo de mi obra Best Seller Lulita la estrella marina
Entra aquí: http://www.oscarprietoramirez.com/
Mi correo es. oprietor@yahoo.com

jueves, 26 de enero de 2012

El efecto Lulita la estrella marina en Arequipa

Es el sobrenombre que me llevé en la segunda feria Internacional de Arequipa, por mi obra Lulita la estrella marina, el cual había quedado Best Seller en la primera feria del mismo lugar.
Hermosas niñas Arequipeñas en la Feria.
Tal como se ve en el video, los Arequipeños, son muy preocupados en la cultura. Ellos en su feria invitan a decenas de colegios a escuchar a los distintos escritores, tanto peruanos como extranjeros.
Yo tuve varios auditorios con un promedio de 600 niños por vez, donde he tenido la oportunidad de interactuar con chicos de primaria como también de secundaria. También de que los niños, conoscan un autor de carne y hueso, pues cuando yo estaba en el colegio todos estaban muertos o nunca se les podía ver.

La Feria de Arequipa es muy especial para mí, pues de allí es donde mi obra se hace Best Seller  y donde algunos medios de prensa la catalogaron como la versión latina del Principito o el efecto Lulita.

Sin duda, la primera feria del libro en Arequipa, es la que puso a volar a Lulita la estrella marina, hasta lugares donde nunca imaginé. De allí no he parado de viajar siempre, visitando colegios de Lima y provincias. Pronto será alrededor del mundo.


Te regalo para que leas la primera página de mi obra Lulita la estrella marina. Búscala en Librerías Amazon.


sábado, 14 de enero de 2012

¡Con cuidado, Matías!

Reiteradas veces escucho como un padre le dice a su hijo o hija en lugares como parques, fiestas de niños, etc. cosas como: ¡Cuidado Matías! ¡Cuidado! ¡No corras! Etc. Otra vez una madre le dijo a su niño: ¡ve a jugar, pero no sudes! Insólito que un niño corra sin sudar.
Al escuchar comentarios así, siento que los papás sin saber, le van instalando un freno al niño, quizá para toda su vida, aquel que lo frenará por siempre. A los niños les gusta correr, traspirar, reír y jugar largas horas. También necesitan golpearse, caerse, tropezar, pues la vida nos va a dar mucho de eso y cada niño debe estar preparado para recibir esos golpes sin aterrarse.
Me parece que  decir reiteradas veces a un niño ¡cuidado! Es hacerle acordar que hay peligro constante y que debe detenerse. El objetivo en la vida es avanzar, no detenernos. Sin querer el niño interpreta del padre que va a caerse por donde pisa, debido a su torpeza. Si el niño se cae, confirmará la negativa frase diciendo: Soy torpe, mi papi lo sabía.
Los niños, deben medir sus riesgos, avanzar cuanto puedan, ser audaces. La vez pasada vi a una señora de setenta años, que correteaba a su nieto de más de dos por todos lados, para que este no se caiga.  El niño corre perfectamente. Yo le dije: La que se va a caer es usted. Lo peor es que no se va a recuperar a la fantástica velocidad que se recupera un niño.
Dejemos que nuestros niños experimenten, midan sus riesgos y sean atrevidos, pues necesitamos seres humanos osados, audaces y valientes. No hagamos niños temerosos e inseguros que solo piensan que se van a caer. La vida es dura y debemos prepararlos para que le hagan frente. En muchos momentos de sus vidas, ya no estaremos los papás para cuidar de ellos.


viernes, 13 de enero de 2012

Mía regresa a casa.

María Pía es una niña que vive con sus papás. Cuando termina de jugar con sus muñecas a ella no le gusta guardarlas. Entonces una noche su mamá le pidió:
¡María Pía! Por favor guarda tus muñecas.
No puedo, respondió ella con voz torturada como si hubiese corrido la ciudad entera.
¡Entonces las echaré a la basura! Quizá una niña pobre quiera jugar con ellas y cuidarlas. Le advirtió su mamá.
Tras una larga pausa respondió:
Sí mamá, bótalas a la basura. Yo no las voy a guardar.

La niña creyó que su mamita no lo haría.
María Pía y su muñeca Mía
Entonces su mamá Lulu, cogió una bolsa gigante y empezó a meter la primera de las diez muñecas que yacían en el piso.
“Se las llevará el basurero” le advirtió nuevamente.

Ella no quiso escuchar, menos obedecer. Se quedó mirando como sus muñecas se iban dentro de la bolsa.
Su padre sentado en el sillón, vio alarmado que Mía, la mejor amiga y muñeca de María Pía, terminaría en la basura con las demás. El papá pensó:
 ¡Esa muñeca tiene vida! No debe llevársela el basurero.
Mía es una sencilla y pequeña muñeca de trapo con trenzas y vestido rosado. Acompañó a María Pía desde que era una bebé. Su mamama o abuela Chabela se la regaló. Desde entonces María Pía y Mía toman el té juntas, conversan, juegan y hasta duermen la siesta. Es como tener una hermanita especial, pues Mía hace de todo para divertir  a su mejor amiga.
Entonces la mamá recogió del piso a Mía para meterla dentro de la bolsa.

María Pía algo confundida comentó:
Mamá, Mía se queda conmigo. No la botes. La cogió fuertemente entre sus brazos. Sin embargo, a los pocos segundos, por alguna razón, cambió de opinión y muy desafiante ordenó:
Sabes mamá, a Mía también bótala.
Sus papás no podían creer que su hija echara a la calle a su mejor muñeca.
Con mucha tristeza y confusión se cerró la bolsa, abrieron la puerta de la casa y la dejaron fuera.
A los pocos días, María Pía empezó a soñar con Mía. Se despertaba noche a noche extrañando a su buena amiga.
Un día, se acercó a su papi y le preguntó:
¿Vamos a jugar papito?
Trae tus muñecas reina, le pidió él.
Papá, ya no tengo muñecas, respondió ella algo confundida.
¡Verdad! Aseguró él.  ¡Lástima! Tú echaste tus muñecas a la basura ¿Recuerdas?
Ella sin mover un ojo, se quedó pensando en lo que hizo. Extrañaba mucho a sus muñecas y en especial a Mía. Se sentía muy mal el haberlas dejado en la calle y solo por flojera de no querer guardarlas.
Pasó el tiempo y María Pía volvió a preguntar por Mía. Su papá le explicó nuevamente que se la había llevado el basurero a su casa.
Sus padres no sabían que hacer al ver triste a su pequeña. Sentían mucha pena. Una noche le preguntaron:
¿Recuerdas que tú misma echaste a tu muñeca?
Sí, respondió ella con mirada triste.
Ahora la tiene el señor sórdido.
¿Quién es el señor sórdido? Preguntó intrigada.
Él Sr. Sórdido es un recolector de basura.  Es un viejo sucio y huele muy mal. Va por las calles revisando bolsas con desperdicios que la gente ya no quiere. Él saca cualquier cosa que pueda vender o que pueda necesitar, explicó el papá. Aquel hombre, camina por la ciudad de Lima bajo el sol y la luna. Lleva un cochino saco de cuadros que no se lo quita jamás. Él es tan avaro que no gasta dinero en una bolsa de té. El Sr. Sórdido encontró a Mía por la noche y desde entonces, la lleva por las calles a recoger botellas de plástico para venderlas. Ella ahora trabaja todos los días, recolectando con él lo que nadie quiere.
¿A Mía le gusta buscar botellas con el Sr. Sórdido? Preguntó intrigada la niña.
No lo creo. Trabaja todo el tiempo. No ve televisión y no puede salir al parque a jugar. 

Ahora el Sr. Sórdido es su dueño de Mía, pues él se la encontró  en una bolsa de basura y lo que recoge de allí le pertenece.
María Pía continuó triste. No tenía con quién jugar. La muñeca le hacía mucha falta. Sus padres muy preocupados, buscaban la forma de solucionar el problema.
Una noche de luna a pocos meses de la navidad, sus papás le explicaron a María Pía que Dios hace milagros. Solo hay que pedirle noche a noche.  ¡Dios escucha mucho a los niños! Terminó de decir su mamá.
 ¡Hay que pedirle que Mía regrese! explicaron a su hija. Quizá Dios la encuentre y la traiga de regreso  en la noche buena.
María Pía aceptó rezar todas las noches por más de un mes. Entonces, sucedió lo inesperado.
Dios al escuchar tantas veces el pedido, mandó a llamar a Papá Noél o Santa Claus. Él, le pidió un favor muy especial.

“Quiero que consigas una muñeca”
¿Cómo es ella? Preguntó papa Noel sonriente.
Dios levantó la palma de su mano y resplandeció una fuerte luz, la que luego se apagó. En un segundo, apareció en sus manos la foto de Mía.
Papa Noel cogió la fotografía y la miró fijamente. Dio un fuerte respiro y subió a su trineo. Luego se marchó por los aires. Volando entre las nubes, vio una vieja casa que arroja humo de su chimenea. ¡Esa debe ser la casa que busco! se dijo entre dientes. Ordenó a sus renos bajar de inmediato y pronto estuvo frente a la vivienda.

Pom, pom, pom, pom, tocó Papa Noél con mucha fuerza la vieja puerta de madera. 
¡Abre! Gritó desde dentro una gruesa y fuerte voz.
Se abrió esta con un fuerte crujido, típico de una vieja puerta de madera a  la que le falta aceite en sus bisagras.
¡Pase! ¡Entre ya!  Gritó el Sr. Sórdido.
Papa Noél vio que una muñeca le abrió la puerta. Él la miró fijamente. En seguida sacó de su bolsillo la foto que Dios le dio. Santa la observó por un momento, dibujando una larga sonrisa en sus rojizos labios. Sin duda era la que buscaba.
Luego, dio un paso hacia dentro, rechinando la agrietada madera del piso, sonando tan fuerte, que algunos ratones que yacían por allí, corrieron a  ocultarse en sus madrigueras.
Había cosas viejas por todo el sucio piso, como plásticos, botellas, papel viejo y cartones. La casa además tiene mucho polvo y bichos. ¡Arañas! ni que decir, de la cantidad que se podían ver.
Dentro de todo eso, inmerso en el medio de la suciedad y basura, había un hombre sentado de espaldas, descansando en un viejo sillón a rayas de color rojo y verde. El hombre no se mueve, no habla y el silencio de la casa fue total. Solo se escucha el estallido de la leña al quemarse contra el fuego de la chimenea.
 Santa volvió la mirada a Mía. La pobre estaba muy sucia. Su rosado vestido había envejecido y poco faltaba para romperse completamente.
Sórdido gritó:
¡Leña! ¡Trae leña niña! Mía corre de inmediato hacia un grupo de maderos apilados junto a la chimenea. Cogió un pesado leño y lo arrojó al fuego de la chimenea con todas sus fuerzas.  A Sórdido no parecía interesarle la presencia de Santa. Hasta ese momento, ni siquiera se volteó para mirarle.

¡Buen día tenga usted Sr. Sórdido! Saludó Santa, dando unos pasos hacia adentro.
Que tiene el día de bueno. ¡Debo trabajar! respondió algo molesto. Ya quisiera estar en su lugar, pues usted solo trabaja en navidad, expresó burlonamente Sórdido.
Santa rió fuertemente a carcajadas por un rato, hasta que dijo señalando los cielos:
Bueno ¡Al grano! Vengo por un motivo muy especial.
¿Ah sí? ¿Acaso cenarán conmigo en la noche buena? O ¿Quizá me regalen un jugoso pavo? Preguntó sórdido riendo sin levantarse de su sucio sillón. De repente gritó a Mía.
¡Trae agua para el invitado! ¡Rápido niña tonta!
Ella cogió un vaso de vidrio y lo llenó de agua.  Caminó muy rápido y se tropezó con una vieja lata de sardinas que yacía en el mugriento piso de madera.  El vaso se quebró en varios pedazos.
¡Niña torpe! ¡No sé para qué te traje!, vociferó. Ve a limpiar antes que me corte un pie.
¿Limpiar? Si al parecer en esta casa no existe una escoba, afirmó Papá Noél en tono burlón, mientras empujaba  suevamente con sus negras botas un ratón que comía relajado un pedazo de pan.
Bueno Sr. Tonel ¿Qué busca usted en mi humilde hogar? Preguntó algo enfadado el Sr. Sórdido.
Busco llevarme a esta muñeca, respondió. De la impresión Mía dio un paso hacia atrás o dos hasta caerse de espaldas.
Jajajaa arrancó en risas el basurero. ¡Qué niña tan torpe! Al menos me hace reír de vez en cuando. Luego su cara cambió a la de perro rabioso y continuó:
Usted sí que está chiflado Sr. Papá Tonel, perdón Noél.  Esa niña me pertenece. Yo la encontré en la calle y ahora ella me ayuda con todas las tareas. Yo le enseño y ella aprende. Pronto me haré más viejo y necesito alguien que trabaje por mí.
Sr Sórdido, me temo que arruinaré sus planes, pues vengo de parte de Dios.  Hay una pequeña que extraña su muñeca y reza todos los días con sus papás. Mi señor ha decidido regresarla a casa.
Pero, ¿Qué clase de niña bota su muñeca a la basura? Preguntó sórdido muy alterado.
Una que ya aprendió la lección y merece una oportunidad. Todos merecemos una cuando nos equivocamos, sí señor. Así que no tiene usted mucho que replicar  y deberá entregármela, amenazó Papá Noél sacándose la gorra de la cabeza.
Le aconsejo que acepte. Si usted se niega al pedido, mi señor el que está en los cielos celestiales, explicó señalando hacia arriba, se molestará, ya que usted impedirá un milagro de navidad.
Ustedes sí que saben molestar a un pobre viejo como yo.
¿Pobre viejo? Pobre es esa muñeca que tiene que trabajar y vivir junto a tanta basura Sr. Sórdido.
Bueno ya cierre la boca que me marea  Sr. Tonel. ¿Qué me dará usted a cambio? Es bueno para pedir, pero para dar…….
Le daré un jabón, una pasta dental y una navaja de afeitar a ver si quita esa sucia barba. Pronto saldrá un murciélago de allí y de su boca una cucaracha.
Sórdido que seguía sentado frente a su chimenea vociferó de pronto, tan fuerte que la casa parecía caerse.
¡Leña! ¡Trae más leña!, ¿No ves que hace frío? Mía corrió a buscar madera.
Papá Noel hizo una seña a Mía para que le siguiese, así que ella se acercó a él.
Vamos hijita, le ordenó con una gran sonrisa. Te regresaré a casa mañana en la noche buena.

Mía con lágrimas en sus ojos, abrazó una de las gruesas botas del navideño hombre y salieron por fin de la casa.
Al amanecer del día de navidad, María Pía se levantó muy temprano, diciendo:
¡Papá! ¡Mamá!  Vamos a ver los regalos. Vamos a ver si está Mía. Bajaron todos corriendo a la sala. El árbol de navidad estaba aún con sus luces prendidas. María Pía miró a todos lados y la muñeca no estaba allí. La sonrisa se le fue de la cara. Sus ojos se mojaron, brotando una lágrima.
Mi reina, lo siento mucho, dijo mamá apagando la luz del árbol.
Hay otros regalos aquí, mencionó su papá.
María Pía estaba muy triste, no se movió por un rato. Luego, lentamente, se acercó al árbol a coger una caja grande que había allí. Podía ser el pianito que había pedido tanto. Sin ánimos se agachó para coger el regalo. Una suave y pequeña manito salió desde atrás del paquete y tocó la mano de María Pía. Luego asomó una cabecita.

¡Es Mía! Gritó alocadamente María Pía. Cuando ella quiso cogerla, la muñeca algo asustada retrocedió un paso.
Mi hija María Pía y su muñeca Mía
No temas Mía. Ya no te botaré a la calle nunca más, te lo prometo, dijo María Pía.
Entonces Mía corrió feliz donde María Pía. La niña levantó y abrazó fuertemente a su muñeca favorita. Fue el día más feliz para ambas.
María Pía prometió nunca más botar sus muñecas a la basura, sabiendo que por poco perdía a la mejor de todas sus amigas. Asimismo, aprendió a valorar sus juguetes. Ella sabe ahora que muchos niños no tienen con qué jugar.  Tener una muñeca y que sea tu mejor amiga es tu mejor tesoro. Nunca lo olvides.
¡Gracias Señor por ese hermoso milagro de traer a Mía a casa! ¡Gracias Papá Noel!



DEDICATORIA
Dedicado en especial a mi hija María Pía, mi única hija. Nunca olvidaré a Mía, pues yo mismo le di vida para que la disfrutes siempre. Ella permanecerá en nuestros corazones. Cuando quizá leas esta historia y seas mamá, sabrás que fui tu amigo de juegos y de tus sueños. También te darás cuenta que el mundo se puede ver desde su lado simple y sencillo, como lo viste tú cuando fuiste pequeña y volviste a llenar mi mundo de fantasías.




Invito a leer mi obra para niños Lulita la estrella marina en Crisol, Zeta book o Amazon. Búscala aquí.




jueves, 5 de enero de 2012

Segundo día a Bordo parte 4

Capítulo 4 Segundo día a bordo.
Al día siguiente, visitamos la cabina del capitán. Comprobamos la tremenda habilidad que necesita  para orillar o acercar a orilla semejante barco para que suba y baje gente. Nos explicó él, que hay bancos de lodo por donde podemos encallar y grandes troncos hundidos con los que se puede chocar. Hay que saber de navegación fluvial, sin duda. El río Marañón, por donde navegamos, es la super carretera por donde todos viajan. Ahora rumbo al río Amazonas, para llegar a Nauta e Iquitos.
Más tarde, vimos asombrados como una pareja de nativos, remaban a todo dar desde la orilla de su pueblo, para darnos alcance. Sin que el barco se detenga o baje la velocidad, el hombre se trepó a la volada y su mujer siguió remando con destino a la orilla. Nos quedamos asombrados. Fue como subir en Lima a la combi o bus a la volada.
Oscar Prieto Ramírez y Carlos Coletti
Por la tarde, nos llevamos una sorpresa. No había trago y estábamos más tranquilos que una foto. Subieron un grupo de chicos de varias nacionalidades hasta nuestro piso. Todos menores en su mayoría. Bordeaban los 20 años. Llevaban meses en la selva haciendo ayuda social y enseñando de todo a las comunidades más alejadas de la selva. Uno de ellos llevaba un banjo que tocaba desde su hamaca. Otros leían algún libro y tuvimos la oportunidad de compartir la mesa o lo que fue nuestro bar, con algunas de las hermosas muchachas europeas. Tenían un líder que era un señor de alrededor cincuenta años. El era retirado de las drogas y había decidido entregar su vida a Cristo. Hoy por hoy, guía a estos chicos que desean ayudar a comunidades muy alejadas de la selva, donde no llega ni Cristo.
Atardecer Río Marañón
Si de algo me he de acordar de ese día en particular, es que vi hermosos atardeceres. Fue emocionante mirar y contemplar la selva en una de sus mejores expresiones. Tomamos muchas fotos, tocamos la guitarra, vimos como al final de la tarde en la baranda del barco, las arañas empezaban a tejer sus telas a gran velocidad. Ya debíamos ser precavidos de no chocar nuestras rodillas con ellas. Creo que vimos algo de ocho arañas en distintos sitios de la popa. El carnicero Motta estaba !aterrado! jajajaja nosotros no hacíamos más que alucinar arañas gigantes que se lo llevaban y lo envolvían en su gigante capullo.
Río Marañón
Ese día por la noche llegamos al Puerto de Nauta, uno de los pueblos más antiguos de la Amazonía. Nauta está a orillas del río marañón que fue por donde llegamos. Dista a 96 kilómetros de Iquitos.  Decidimos bajar allí para ir ganando algo de tiempo e ir por carretera hasta Iquitos. De allí, nos iríamos a un Lodge dentro de la selva.
Nauta es muy oscuro y sus casas son pequeñas. También recuerdo haber visto varias calles estrechas con sus pistas de lodo. Esto se debe a las constantes lluvias. Conseguimos una camioneta que nos llevó en dos horas hacia Iquitos. Ya en Iquitos nos separamos. Coletti y yo, nos fuimos a un Lodge por el río Amazonas a internarnos en la profunda selva.
La historia continúa en Iquitos.
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Oscar Prieto Ramírez
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