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sábado, 31 de marzo de 2012

¿Perder un día de cuna para ir a la playa?

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La vez pasada Lulu y yo llevamos a María Pía a visitar a la psicóloga del nido. Ella nos comentó entre otras cosas, que uno de los dos o ambos, debíamos sacar de vez en cuando  a la bebe entre horarios de clases “Lo que quiero evitar es que hayan niños institución” dijo ella, en otras palabras niños que se acostumbran mucho a estar en la cuna y ya no desean mucho ir a casa, pues ven muy poco a sus papitos. Si los ven, ellos no tienen tiempo para jugar.
Yo de por sí, pensaba lo mismo. Ya le decía a Lulu siempre, que no le pareciera raro que saque a la bebe a media tarde para estar con ella, apachurrarla, comérmela a besos, comer un helado, pasear etc. También le advertí que habrían días que no la llevaría a la cuna, en vez de eso iría con ella a la playa. Papi y María Pía solos, pues mami trabaja en un empleo.
Así que un soleado jueves, decidí irme. Llamé a un amigo que tiene su hijito de la misma edad que mi hijita y nos fuimos al Silencio. La playa estaba casi vacía. Muchos trabajan.
Llenamos la piscina y metimos a los pequeñuelos allí.  Nosotros nos tomamos unas merecidas chelitas súper heladas con una jalea de pescado y demás.
Pasamos todo un día en la playa, viendo a nuestros hijos felices jugar. Para ellos son momentos memorables e inolvidables pues no hay nada más chévere que estar con papito y mamita. Así está hecha la naturaleza.  Así debe ser. Disfruto coger a mi hija y besuquearla todo lo que pueda, escucharla cantar y enseñarle el mundo a mi manera.
Hoy me doy el tiempo que en el futuro no habrá, pues la naturaleza está hecha así, los hijos se irán tarde o temprano.











Oscar Prieto Ramírez
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lunes, 30 de enero de 2012

Mi viaje a Chaparrí Perú 2da parte

Segunda Parte.
Esto apareció cada mañana en la puerta de mi cuarto
Entrada la noche, fui a comer, acompañado de un amigo francés y una guía. Comí espectacularmente. ¡Qué rico!  El francés es un experto en plantas y árboles. El me da a conocer el tipo de planta come ciertos animales y mucho más. Nos contó aquella noche, que cuando se estaba bañando, miró por la ventana hacia el bosque y se dio cuenta que en la misma ventana, hacia el lado de afuera, bajaba una culebra o serpiente.  En Chaparrí por lo menos existen tres serpientes venenosas de aproximadamente una docena que se conocen. Yo conocí una de ellas rescatada de un circo.
Mientras estábamos sentados en la larga mesa donde conversábamos, la guía me dice: mira detrás de mí. Lo hago y veo una tarántula caminando a menos de dos metros de nosotros. ¡Qué locura!
Me fui a dormir y me levanté con la lluvia. Era la media noche o más. Salí fuera del cuarto a escuchar en medio de la oscuridad, diversos y extraños ruidos. Cerca a mi cara constantemente pasaban volando murciélagos y que se yo.. La verdad no se les ve. A la mañana siguiente pregunté y me dijeron que eran lechuzas y murciélagos.
Osos de anteojos salvados de circos
Entre el ruido de la lluvia, me da la sensación que algo camina, algo vigila. No sabes qué.  Me interné un poco en la maleza, pero nada se logra ver. Termina la lluvia y aparecen hermosas luciérnagas de color azul fosforescente. Dan giros y se apagan. Es un bosque mágico, me dije a mí mismo. Como en aquel entonces estaba acabando mi segunda obra Isabel la pava aliblanca, tomé nota de cada ruido y situación posible, en beneficio de la obra.
Tarántula a un metro de nuestra mesa
Al día siguiente, me reuní en el desayuno con la guía y el francés.  El llevaba tiempo allí, tanto que se enamoró de una piurana. Esa mañana, la guía me llevó por los alrededores a conocer la reserva. Hay osos de anteojos, rescatados de los circos, sin colmillos, a modo que no puedan hacer daño a sus captores. Ese oso no volverá a valerse por sí mismo. Hay venados de cola blanca, pumas, aves de todo tipo y sobre todo la pava aliblanca. Pude conocer a los adultos como las crías. Esta ave fue desaparecida del planeta por cien años. Ahora hay personas que cuidan de ellas como Heinz Plenge y Fernando Angulo. Gracias a ellos la especie se ha salvado, aunque está en peligro crítico aún de desaparecer como otras especies más como el águila solitaria.
Con mi amigo francés Guillerme.
A la hora del almuerzo, salí de mi bungalow y debía caminar alrededor de 20 metros hasta el comedor, pasando un caminito rodeado de la maleza. El francés gritaba: ¡vengan, vengan, miren! Llegamos y vimos la cola de una serpiente oscura y pequeña. Medía lo que mide mi brazo. Esta había caído del techo donde nos sentábamos a conversar e intercambiar ideas. Había atrapado una lagartija y se escondió en los matorrales al pie de la mesa por así decir. ¡De lujo!
Más tarde, bajó una iguana enorme al pie de un árbol a espaldas de nosotros, de más de un metro. También me maravillé viendo como tomaban agua de un recipiente del hotel, varios tipos de colibrí. El más raro es el colibrí cola de espátula que no llegué a ver, pues está en serio peligro de desaparecer.

Chaparí es alucinante en todos los sentidos.  ¡Gracias Paco! Gracias a Heinz Plenge por recibirme y apoyarme y a Fernando Angulo que aportó muchos de sus conocimientos en esta obra que dedico en especial al pueblo de Santa catalina de Chongoyape, por haber donado más de 30,000 hectáreas para la conservación de las especies.
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sábado, 14 de enero de 2012

¡Con cuidado, Matías!

Reiteradas veces escucho como un padre le dice a su hijo o hija en lugares como parques, fiestas de niños, etc. cosas como: ¡Cuidado Matías! ¡Cuidado! ¡No corras! Etc. Otra vez una madre le dijo a su niño: ¡ve a jugar, pero no sudes! Insólito que un niño corra sin sudar.
Al escuchar comentarios así, siento que los papás sin saber, le van instalando un freno al niño, quizá para toda su vida, aquel que lo frenará por siempre. A los niños les gusta correr, traspirar, reír y jugar largas horas. También necesitan golpearse, caerse, tropezar, pues la vida nos va a dar mucho de eso y cada niño debe estar preparado para recibir esos golpes sin aterrarse.
Me parece que  decir reiteradas veces a un niño ¡cuidado! Es hacerle acordar que hay peligro constante y que debe detenerse. El objetivo en la vida es avanzar, no detenernos. Sin querer el niño interpreta del padre que va a caerse por donde pisa, debido a su torpeza. Si el niño se cae, confirmará la negativa frase diciendo: Soy torpe, mi papi lo sabía.
Los niños, deben medir sus riesgos, avanzar cuanto puedan, ser audaces. La vez pasada vi a una señora de setenta años, que correteaba a su nieto de más de dos por todos lados, para que este no se caiga.  El niño corre perfectamente. Yo le dije: La que se va a caer es usted. Lo peor es que no se va a recuperar a la fantástica velocidad que se recupera un niño.
Dejemos que nuestros niños experimenten, midan sus riesgos y sean atrevidos, pues necesitamos seres humanos osados, audaces y valientes. No hagamos niños temerosos e inseguros que solo piensan que se van a caer. La vida es dura y debemos prepararlos para que le hagan frente. En muchos momentos de sus vidas, ya no estaremos los papás para cuidar de ellos.


viernes, 13 de enero de 2012

Mía regresa a casa.

María Pía es una niña que vive con sus papás. Cuando termina de jugar con sus muñecas a ella no le gusta guardarlas. Entonces una noche su mamá le pidió:
¡María Pía! Por favor guarda tus muñecas.
No puedo, respondió ella con voz torturada como si hubiese corrido la ciudad entera.
¡Entonces las echaré a la basura! Quizá una niña pobre quiera jugar con ellas y cuidarlas. Le advirtió su mamá.
Tras una larga pausa respondió:
Sí mamá, bótalas a la basura. Yo no las voy a guardar.

La niña creyó que su mamita no lo haría.
María Pía y su muñeca Mía
Entonces su mamá Lulu, cogió una bolsa gigante y empezó a meter la primera de las diez muñecas que yacían en el piso.
“Se las llevará el basurero” le advirtió nuevamente.

Ella no quiso escuchar, menos obedecer. Se quedó mirando como sus muñecas se iban dentro de la bolsa.
Su padre sentado en el sillón, vio alarmado que Mía, la mejor amiga y muñeca de María Pía, terminaría en la basura con las demás. El papá pensó:
 ¡Esa muñeca tiene vida! No debe llevársela el basurero.
Mía es una sencilla y pequeña muñeca de trapo con trenzas y vestido rosado. Acompañó a María Pía desde que era una bebé. Su mamama o abuela Chabela se la regaló. Desde entonces María Pía y Mía toman el té juntas, conversan, juegan y hasta duermen la siesta. Es como tener una hermanita especial, pues Mía hace de todo para divertir  a su mejor amiga.
Entonces la mamá recogió del piso a Mía para meterla dentro de la bolsa.

María Pía algo confundida comentó:
Mamá, Mía se queda conmigo. No la botes. La cogió fuertemente entre sus brazos. Sin embargo, a los pocos segundos, por alguna razón, cambió de opinión y muy desafiante ordenó:
Sabes mamá, a Mía también bótala.
Sus papás no podían creer que su hija echara a la calle a su mejor muñeca.
Con mucha tristeza y confusión se cerró la bolsa, abrieron la puerta de la casa y la dejaron fuera.
A los pocos días, María Pía empezó a soñar con Mía. Se despertaba noche a noche extrañando a su buena amiga.
Un día, se acercó a su papi y le preguntó:
¿Vamos a jugar papito?
Trae tus muñecas reina, le pidió él.
Papá, ya no tengo muñecas, respondió ella algo confundida.
¡Verdad! Aseguró él.  ¡Lástima! Tú echaste tus muñecas a la basura ¿Recuerdas?
Ella sin mover un ojo, se quedó pensando en lo que hizo. Extrañaba mucho a sus muñecas y en especial a Mía. Se sentía muy mal el haberlas dejado en la calle y solo por flojera de no querer guardarlas.
Pasó el tiempo y María Pía volvió a preguntar por Mía. Su papá le explicó nuevamente que se la había llevado el basurero a su casa.
Sus padres no sabían que hacer al ver triste a su pequeña. Sentían mucha pena. Una noche le preguntaron:
¿Recuerdas que tú misma echaste a tu muñeca?
Sí, respondió ella con mirada triste.
Ahora la tiene el señor sórdido.
¿Quién es el señor sórdido? Preguntó intrigada.
Él Sr. Sórdido es un recolector de basura.  Es un viejo sucio y huele muy mal. Va por las calles revisando bolsas con desperdicios que la gente ya no quiere. Él saca cualquier cosa que pueda vender o que pueda necesitar, explicó el papá. Aquel hombre, camina por la ciudad de Lima bajo el sol y la luna. Lleva un cochino saco de cuadros que no se lo quita jamás. Él es tan avaro que no gasta dinero en una bolsa de té. El Sr. Sórdido encontró a Mía por la noche y desde entonces, la lleva por las calles a recoger botellas de plástico para venderlas. Ella ahora trabaja todos los días, recolectando con él lo que nadie quiere.
¿A Mía le gusta buscar botellas con el Sr. Sórdido? Preguntó intrigada la niña.
No lo creo. Trabaja todo el tiempo. No ve televisión y no puede salir al parque a jugar. 

Ahora el Sr. Sórdido es su dueño de Mía, pues él se la encontró  en una bolsa de basura y lo que recoge de allí le pertenece.
María Pía continuó triste. No tenía con quién jugar. La muñeca le hacía mucha falta. Sus padres muy preocupados, buscaban la forma de solucionar el problema.
Una noche de luna a pocos meses de la navidad, sus papás le explicaron a María Pía que Dios hace milagros. Solo hay que pedirle noche a noche.  ¡Dios escucha mucho a los niños! Terminó de decir su mamá.
 ¡Hay que pedirle que Mía regrese! explicaron a su hija. Quizá Dios la encuentre y la traiga de regreso  en la noche buena.
María Pía aceptó rezar todas las noches por más de un mes. Entonces, sucedió lo inesperado.
Dios al escuchar tantas veces el pedido, mandó a llamar a Papá Noél o Santa Claus. Él, le pidió un favor muy especial.

“Quiero que consigas una muñeca”
¿Cómo es ella? Preguntó papa Noel sonriente.
Dios levantó la palma de su mano y resplandeció una fuerte luz, la que luego se apagó. En un segundo, apareció en sus manos la foto de Mía.
Papa Noel cogió la fotografía y la miró fijamente. Dio un fuerte respiro y subió a su trineo. Luego se marchó por los aires. Volando entre las nubes, vio una vieja casa que arroja humo de su chimenea. ¡Esa debe ser la casa que busco! se dijo entre dientes. Ordenó a sus renos bajar de inmediato y pronto estuvo frente a la vivienda.

Pom, pom, pom, pom, tocó Papa Noél con mucha fuerza la vieja puerta de madera. 
¡Abre! Gritó desde dentro una gruesa y fuerte voz.
Se abrió esta con un fuerte crujido, típico de una vieja puerta de madera a  la que le falta aceite en sus bisagras.
¡Pase! ¡Entre ya!  Gritó el Sr. Sórdido.
Papa Noél vio que una muñeca le abrió la puerta. Él la miró fijamente. En seguida sacó de su bolsillo la foto que Dios le dio. Santa la observó por un momento, dibujando una larga sonrisa en sus rojizos labios. Sin duda era la que buscaba.
Luego, dio un paso hacia dentro, rechinando la agrietada madera del piso, sonando tan fuerte, que algunos ratones que yacían por allí, corrieron a  ocultarse en sus madrigueras.
Había cosas viejas por todo el sucio piso, como plásticos, botellas, papel viejo y cartones. La casa además tiene mucho polvo y bichos. ¡Arañas! ni que decir, de la cantidad que se podían ver.
Dentro de todo eso, inmerso en el medio de la suciedad y basura, había un hombre sentado de espaldas, descansando en un viejo sillón a rayas de color rojo y verde. El hombre no se mueve, no habla y el silencio de la casa fue total. Solo se escucha el estallido de la leña al quemarse contra el fuego de la chimenea.
 Santa volvió la mirada a Mía. La pobre estaba muy sucia. Su rosado vestido había envejecido y poco faltaba para romperse completamente.
Sórdido gritó:
¡Leña! ¡Trae leña niña! Mía corre de inmediato hacia un grupo de maderos apilados junto a la chimenea. Cogió un pesado leño y lo arrojó al fuego de la chimenea con todas sus fuerzas.  A Sórdido no parecía interesarle la presencia de Santa. Hasta ese momento, ni siquiera se volteó para mirarle.

¡Buen día tenga usted Sr. Sórdido! Saludó Santa, dando unos pasos hacia adentro.
Que tiene el día de bueno. ¡Debo trabajar! respondió algo molesto. Ya quisiera estar en su lugar, pues usted solo trabaja en navidad, expresó burlonamente Sórdido.
Santa rió fuertemente a carcajadas por un rato, hasta que dijo señalando los cielos:
Bueno ¡Al grano! Vengo por un motivo muy especial.
¿Ah sí? ¿Acaso cenarán conmigo en la noche buena? O ¿Quizá me regalen un jugoso pavo? Preguntó sórdido riendo sin levantarse de su sucio sillón. De repente gritó a Mía.
¡Trae agua para el invitado! ¡Rápido niña tonta!
Ella cogió un vaso de vidrio y lo llenó de agua.  Caminó muy rápido y se tropezó con una vieja lata de sardinas que yacía en el mugriento piso de madera.  El vaso se quebró en varios pedazos.
¡Niña torpe! ¡No sé para qué te traje!, vociferó. Ve a limpiar antes que me corte un pie.
¿Limpiar? Si al parecer en esta casa no existe una escoba, afirmó Papá Noél en tono burlón, mientras empujaba  suevamente con sus negras botas un ratón que comía relajado un pedazo de pan.
Bueno Sr. Tonel ¿Qué busca usted en mi humilde hogar? Preguntó algo enfadado el Sr. Sórdido.
Busco llevarme a esta muñeca, respondió. De la impresión Mía dio un paso hacia atrás o dos hasta caerse de espaldas.
Jajajaa arrancó en risas el basurero. ¡Qué niña tan torpe! Al menos me hace reír de vez en cuando. Luego su cara cambió a la de perro rabioso y continuó:
Usted sí que está chiflado Sr. Papá Tonel, perdón Noél.  Esa niña me pertenece. Yo la encontré en la calle y ahora ella me ayuda con todas las tareas. Yo le enseño y ella aprende. Pronto me haré más viejo y necesito alguien que trabaje por mí.
Sr Sórdido, me temo que arruinaré sus planes, pues vengo de parte de Dios.  Hay una pequeña que extraña su muñeca y reza todos los días con sus papás. Mi señor ha decidido regresarla a casa.
Pero, ¿Qué clase de niña bota su muñeca a la basura? Preguntó sórdido muy alterado.
Una que ya aprendió la lección y merece una oportunidad. Todos merecemos una cuando nos equivocamos, sí señor. Así que no tiene usted mucho que replicar  y deberá entregármela, amenazó Papá Noél sacándose la gorra de la cabeza.
Le aconsejo que acepte. Si usted se niega al pedido, mi señor el que está en los cielos celestiales, explicó señalando hacia arriba, se molestará, ya que usted impedirá un milagro de navidad.
Ustedes sí que saben molestar a un pobre viejo como yo.
¿Pobre viejo? Pobre es esa muñeca que tiene que trabajar y vivir junto a tanta basura Sr. Sórdido.
Bueno ya cierre la boca que me marea  Sr. Tonel. ¿Qué me dará usted a cambio? Es bueno para pedir, pero para dar…….
Le daré un jabón, una pasta dental y una navaja de afeitar a ver si quita esa sucia barba. Pronto saldrá un murciélago de allí y de su boca una cucaracha.
Sórdido que seguía sentado frente a su chimenea vociferó de pronto, tan fuerte que la casa parecía caerse.
¡Leña! ¡Trae más leña!, ¿No ves que hace frío? Mía corrió a buscar madera.
Papá Noel hizo una seña a Mía para que le siguiese, así que ella se acercó a él.
Vamos hijita, le ordenó con una gran sonrisa. Te regresaré a casa mañana en la noche buena.

Mía con lágrimas en sus ojos, abrazó una de las gruesas botas del navideño hombre y salieron por fin de la casa.
Al amanecer del día de navidad, María Pía se levantó muy temprano, diciendo:
¡Papá! ¡Mamá!  Vamos a ver los regalos. Vamos a ver si está Mía. Bajaron todos corriendo a la sala. El árbol de navidad estaba aún con sus luces prendidas. María Pía miró a todos lados y la muñeca no estaba allí. La sonrisa se le fue de la cara. Sus ojos se mojaron, brotando una lágrima.
Mi reina, lo siento mucho, dijo mamá apagando la luz del árbol.
Hay otros regalos aquí, mencionó su papá.
María Pía estaba muy triste, no se movió por un rato. Luego, lentamente, se acercó al árbol a coger una caja grande que había allí. Podía ser el pianito que había pedido tanto. Sin ánimos se agachó para coger el regalo. Una suave y pequeña manito salió desde atrás del paquete y tocó la mano de María Pía. Luego asomó una cabecita.

¡Es Mía! Gritó alocadamente María Pía. Cuando ella quiso cogerla, la muñeca algo asustada retrocedió un paso.
Mi hija María Pía y su muñeca Mía
No temas Mía. Ya no te botaré a la calle nunca más, te lo prometo, dijo María Pía.
Entonces Mía corrió feliz donde María Pía. La niña levantó y abrazó fuertemente a su muñeca favorita. Fue el día más feliz para ambas.
María Pía prometió nunca más botar sus muñecas a la basura, sabiendo que por poco perdía a la mejor de todas sus amigas. Asimismo, aprendió a valorar sus juguetes. Ella sabe ahora que muchos niños no tienen con qué jugar.  Tener una muñeca y que sea tu mejor amiga es tu mejor tesoro. Nunca lo olvides.
¡Gracias Señor por ese hermoso milagro de traer a Mía a casa! ¡Gracias Papá Noel!



DEDICATORIA
Dedicado en especial a mi hija María Pía, mi única hija. Nunca olvidaré a Mía, pues yo mismo le di vida para que la disfrutes siempre. Ella permanecerá en nuestros corazones. Cuando quizá leas esta historia y seas mamá, sabrás que fui tu amigo de juegos y de tus sueños. También te darás cuenta que el mundo se puede ver desde su lado simple y sencillo, como lo viste tú cuando fuiste pequeña y volviste a llenar mi mundo de fantasías.




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lunes, 19 de diciembre de 2011

!Vale Fracasar!

¡Más peco por omisión que por acción! Es lo que me digo a mi mismo siempre. He intentado varias formas de ganar el éxito, en casi todas he fracasado. A pesar de todo esto, le sigo pidiendo a Dios que me apoye, me mande más oportunidades y fuerzas para seguir.
Para mí fracasar, es aprender, revisar que hice mal y volver a intentarlo. Nunca pierdo de vista mi sueño, que es a donde deseo tanto llegar. Ya me he dado cuenta que el fracaso trae grandes lecciones para mí, una de ellas es que al dar el paso e intentar nuevamente, grandes fuerzas cósmicas trabajan a mi favor. Más lo intento, más rápido conseguiré mi sueño.
Si sientes que haz fracasado, no te des por vencido, pues eso será una derrota. Primero muerto que derrotado. Sigue adelante, aprende, rediséñate. Hay un Dios arriba que toma nota de todo y paga con intereses compuestos la deuda que tiene contigo. El tiene la pluma y va sumando todos tus esfuerzos.
Si una gran lección saco de todo esto, es que es peor no intentarlo, es pecado no lanzarte. Quedarte pensando y lamentándote, solo lograrás estar paralizado: análisis es igual a parálisis.
Si algo te frena, pues revisa bien dentro de ti. Hay talleres hasta por internet que te ayudan a dar ese paso, a botar esos temores y sentirte fuerte en adelante. Busca asistencia psicológica que también ayuda, quizá estás arrastrando pesadas cadenas en tu inconsciente.
Mi meta es llegar al millón de cuentos vendidos, pues me gusta escribir. Sé que lo lograré. No lo tengo muy en claro como, sin embargo no me paralizo, solo sigo.
No te des por vencido, dale para adelante, date el gusto de fracasar y gana experiencia que te servirá para toda la vida.
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sábado, 17 de diciembre de 2011

Carta a María Pía

Querida María Pía:

Cada vez me sorprendo más de ti. No puedo negar que en varias ocasiones hasta siento temor, ya que algunas veces das un paso por delante del mío. Es confuso aceptar que debo usar todas mis artimañas psicológicas para contrarrestar las tuyas.  No llegas a los dos años y medio y nos das mucho que pensar. 
Me dejaste perplejo,  en lo último que nos hicieras a tu madre y a mí. Nos pediste que votemos todas tus crayolas, aquellas con las que dibujamos tantos paisajes, payasos, peces, a Lulita y la misma luna. A fin de no sentirte presionada por nuestras amenazas de echarlas a la basura, lo hiciste tu misma,  retándonos con ese tono de voz dominante, manteniendo tu semblante limpio y tranquilo como si estuvieses en misa.
Al día siguiente nos dejaste perplejos, cuando te pedimos que guardaras tus muñecas, giraste y sin ningún reparo dijiste: 
Mamá, ¡vótalas todas!
¿Estás segura María Pía?  Son tus muñecas que juegas siempre, respondió tu mami.
¡Vótalas todas a la basura! Le repetiste a tú madre en tono firme.
¿Estás segura? Se las llevará el basurero, te dije yo impresionado y con ánimos que des tu brazo a torcer.
¡Vótalas mamá! ¡Vótalas! acabaste de decir a mi pesar.
Tu mami empezó a meterlas todas en una bolsa. Yo empecé a entrar en una especie de confusión. Me sentí peor y se me hizo un nudo en la garganta, cuando vi que tu pequeña  muñeca favorita llamada Mía, de trapo y con trenzas de color rosado, estaba allí también, destinada a ir a la basura. Esa muñeca tiene vida para ti, es única y especial.  Jugamos tú y yo todos los días, desde que tenías menos de seis meses de edad. Esa muñeca fue a cada paseo, cada lugar, manejó nuestro auto y te hacía reír muchísimo, como  también renegar, pues te empujaba a cada momento.  También te acompañó a dormir muchas noches.
 Te hablo en pasado, pues tomaste la peor de las decisiones. Le pediste a tu madre que la bote también. A pesar de tu fuerte mirada y terrible decisión, no derramaste una sola lágrima. Yo no sabía qué hacer para que no lo hagas, ya que Mía es parte de mí también. Mía tal como sabes, vive con el basurero ahora.  Tendremos que rezar mucho para que regrese, ya que está muy dolida. No olvides rezar todas las noches a Jesús, para que la devuelva sana y con esa maravillosa sonrisa juguetona.
Te amo mucho hijita y sé que a tu corta edad eres muy hábil, aunque por tu orgullo o rebeldía, no lo sé,  logres tus primeras lecciones de vida.  Hoy ya tienes  una, y muy fuerte, como el despertar  en la madrugada llamando a Mía. Eso me apena. Las lecciones son duras, mi corazón, sin embargo te servirán para ser un poco más tolerante en adelante y no guiarte por tus fuertes impulsos. Eso podría dañarte mucho más que perder tus juguetes.
Debes saber también, que busco la forma de que Mía regrese a casa. La navidad puede ser un buen momento.
Te amo por siempre
Tu papito.
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